Galia Puerto - ¿Cuántos días tienes que ir a la oficina para que un coworking te salga rentable?
15
Sep

¿Cuántos días tienes que ir a la oficina para que un coworking te salga rentable?

Trabajar desde casa tiene una ventaja difícil de discutir: aparentemente cuesta cero. La mesa ya está allí, la conexión a internet también y no existe una factura mensual específica por ocupar una habitación durante ocho horas. Por eso, cuando un autónomo o una pequeña empresa empieza a valorar el alquiler coworking, es bastante habitual hacerse una pregunta: ¿cuántos días tendría que utilizarlo para que realmente me compensara?

La respuesta no es tan sencilla como dividir una cuota mensual entre el número de días que vamos a trabajar allí. Para saber si un coworking resulta rentable hay que comparar qué estamos pagando, qué dejamos de pagar y, sobre todo, qué necesidades profesionales conseguimos resolver.

Porque una mesa puede medirse en euros. El tiempo perdido, las reuniones improvisadas o una jornada llena de interrupciones son bastante más difíciles de incluir en una calculadora.

Alquiler coworking: primero decide con qué lo estás comparando

Antes de hacer números hay una cuestión fundamental. ¿Cuál es la alternativa?

No obtendrá la misma respuesta una persona que compara un coworking con trabajar gratuitamente desde casa que una pequeña empresa que está dudando entre contratar varios puestos o alquilar una oficina convencional.

En el primer caso, la comparación puramente económica favorecerá casi siempre al domicilio. En el segundo entran en juego muchos más conceptos: mobiliario, suministros, conexión a internet, limpieza, mantenimiento, posibles salas de reuniones y otros gastos asociados a disponer de un espacio propio.

Por eso no existe un número universal de días a partir del cual el alquiler coworking sea rentable. Lo que sí podemos hacer es analizar distintos patrones de uso.

Si vas un día a la semana, probablemente estés comprando algo más que una mesa

Imaginemos a un profesional que trabaja habitualmente desde casa y decide acudir a un coworking una vez por semana.

Si únicamente analizamos el número de horas de uso, podría parecer difícil justificarlo. Sin embargo, quizá ese día se utilice para concentrar reuniones, recibir a un colaborador, trabajar en tareas que requieren especial concentración o simplemente romper con una rutina de aislamiento profesional.

En este escenario, la rentabilidad no depende tanto de cuánto utilizamos el puesto como de para qué utilizamos ese día.

Un día especialmente productivo puede aportar más valor que cinco jornadas en un espacio en el que trabajamos con interrupciones constantes. Por eso, antes de descartar la opción por utilizarla poco, conviene analizar qué actividades trasladaríamos al coworking.

Dos o tres días por semana cambian bastante la ecuación

Aquí entramos probablemente en uno de los escenarios más interesantes para quienes trabajan con un modelo híbrido.

Dos o tres jornadas semanales permiten establecer una rutina presencial sin renunciar a la flexibilidad del trabajo remoto. También hacen posible concentrar determinados tipos de tareas según el entorno que mejor funciona para ellas.

Por ejemplo, una persona puede reservar el domicilio para trabajos individuales que requieren tranquilidad y utilizar el coworking para reuniones, colaboración, llamadas o simplemente para aquellas jornadas en las que necesita separar claramente casa y trabajo.

En este punto, el alquiler coworking deja de ser un recurso ocasional y empieza a formar parte de la organización habitual de la semana.

La pregunta ya no es tanto si utilizamos suficientemente una mesa, sino si disponer de un entorno profesional varios días mejora nuestra forma de trabajar.

¿Y si vas cinco días? Quizá debas comparar coworking y despacho

Cuando el coworking se convierte en nuestro lugar de trabajo de lunes a viernes, aparece una comparación diferente.

Para un profesional independiente puede seguir teniendo todo el sentido. No necesita gestionar una oficina propia, dispone de un entorno profesional y mantiene la posibilidad de utilizar servicios compartidos.

Sin embargo, cuando hablamos de varias personas de una misma empresa que acuden todos los días, conviene empezar a comparar alternativas.

Puede que varios puestos de coworking sigan siendo la opción adecuada o puede que, por privacidad, concentración, organización del equipo o coste, empiece a tener más sentido disponer de un despacho propio dentro de un centro de negocios.

No existe una respuesta automática. Dependerá del número de personas, del tipo de actividad y de cómo se relaciona el equipo durante la jornada.

Precisamente por eso, calcular únicamente el precio por puesto puede llevarnos a una conclusión equivocada.

El error de comparar coworking con “cero euros”

Supongamos que trabajas desde casa.

No pagas una cuota específica por tu puesto, pero eso no significa necesariamente que trabajar allí tenga coste cero.

Parte de la conexión a internet, electricidad, climatización o equipamiento se utiliza para desarrollar la actividad profesional. A esto pueden añadirse gastos que aparecen cuando el domicilio no permite resolver determinadas necesidades.

Si tienes que reunirte con clientes fuera, quizá termines consumiendo regularmente en cafeterías o contratando salas. Si necesitas imprimir documentación, recibir correspondencia profesional o disponer de una dirección empresarial diferente a la particular, pueden aparecer otros servicios.

Esto no significa que trabajar desde casa sea una mala opción. Para muchísimos profesionales funciona perfectamente.

Significa simplemente que, para comparar correctamente, debemos considerar el coste completo de cada alternativa.

Hay un coste todavía más difícil de calcular: las interrupciones

Aquí entramos en un terreno que no aparece en ninguna factura.

Trabajar desde casa puede ser extraordinariamente productivo cuando existe un espacio adecuado y el entorno permite concentrarse. Pero también puede ocurrir justo lo contrario.

Tareas domésticas, otras personas en casa, llamadas personales, repartidores o simplemente la dificultad para separar mentalmente el horario profesional del personal pueden fragmentar la jornada.

Un coworking tampoco garantiza automáticamente la concentración. Dependerá del espacio, del ambiente y de la forma de trabajar de cada persona. Sin embargo, disponer de un lugar concebido específicamente para trabajar puede ayudar a establecer límites que en casa resultan más difíciles.

Por eso, al valorar un alquiler coworking, merece la pena preguntarse no solo cuánto cuesta cada día, sino cuánto conseguimos producir durante esas horas.

Las reuniones pueden cambiar completamente el cálculo

Un autónomo puede trabajar perfectamente en una habitación de su casa durante años y descubrir que su necesidad cambia en el momento en el que empieza a recibir clientes.

No necesariamente necesita una oficina completa.

Quizá lo que necesita es poder trabajar habitualmente en un entorno profesional y disponer de una sala adecuada cuando llega una reunión importante.

Esta es una de las ventajas de utilizar espacios compartidos dentro de estructuras que ofrecen otros servicios: no todo aquello que necesitamos ocasionalmente tiene que estar incluido permanentemente en nuestro espacio privado.

La misma lógica que aplicamos al coche compartido, al software bajo suscripción o a otros servicios puede trasladarse al espacio empresarial: utilizar determinados recursos cuando hacen falta en lugar de asumir su coste permanentemente.

Haz tu propio cálculo antes de decidir

En lugar de buscar una cifra universal, podemos realizar un pequeño ejercicio.

Durante un mes anota cuántos días trabajarías realmente fuera de casa y qué necesitarías durante esas jornadas. Después añade aquellos servicios que utilizas de forma ocasional.

Conviene tener en cuenta aspectos como el puesto de trabajo, conexión, suministros, climatización, limpieza, mobiliario, reuniones, recepción de visitas y cualquier otro servicio que sea importante para tu actividad.

Después compara las alternativas completas.

No compares únicamente:

casa = 0 €
frente a
coworking = cuota mensual.

Compara lo que cuesta y lo que ofrece realmente cada modelo.

Es entonces cuando podrás determinar si el alquiler coworking tiene sentido para tu situación.

La rentabilidad tampoco es igual para todas las profesiones

Un diseñador freelance, un abogado, una consultora de tres personas y un comercial que pasa cuatro días a la semana visitando clientes tienen necesidades completamente diferentes.

Para alguien que apenas permanece delante de un escritorio, contratar un puesto permanente podría aportar poco valor. Para un profesional que realiza numerosas videollamadas o necesita separar su domicilio de la actividad laboral, la situación puede ser muy distinta.

También influye la etapa del negocio. Un autónomo que acaba de comenzar puede priorizar reducir al máximo los gastos fijos, mientras que otro profesional con una cartera consolidada puede valorar más la imagen, la comodidad o la posibilidad de recibir clientes.

Por eso la rentabilidad de un coworking no debería medirse únicamente en horas de ocupación.

Alquiler coworking en Sevilla: piensa en el uso antes que en los metros

En Galia Puerto trabajamos con profesionales y empresas que utilizan los espacios de maneras muy diferentes. Algunos necesitan acudir prácticamente todos los días, mientras que otros buscan una solución flexible que complemente el teletrabajo o les permita disponer de un entorno profesional cuando lo necesitan.

Antes de valorar un alquiler coworking en Sevilla, merece la pena analizar la frecuencia de uso, el tipo de tareas que realizas, las reuniones que mantienes y los servicios que necesitas.

Puede que descubras que no necesitas una oficina convencional. O quizá, cuando hagas los números, llegues a la conclusión contraria y un despacho privado resulte más adecuado.

Lo importante es no pagar por una solución simplemente porque sea la habitual, sino elegir aquella que responda mejor a la forma en la que realmente trabajas.

Entonces, ¿uno, tres o cinco días?

La respuesta es menos matemática de lo que parecía al principio.

Si acudes un solo día a la semana, un coworking puede tener sentido cuando utilizas esa jornada para actividades a las que el espacio aporta un valor especial. Con dos o tres días, empieza a convertirse en una pieza relevante de un modelo híbrido. Y si trabajas allí todos los días, merece la pena comparar el coste y las ventajas con otras alternativas, incluido un despacho privado.

No existe un número mágico a partir del cual el coworking empiece a ser rentable.

Existe una pregunta mucho más útil: ¿qué necesito para trabajar mejor y cuánto me cuesta conseguirlo de cada manera?

Cuando tienes esa respuesta, elegir el espacio resulta bastante más sencillo.